Al presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador no le divierte que el presidente Biden esté apuntando a los hijos del ex capo El Chapo Guzmán y otros narcotraficantes transnacionales.

Con aparente indignación, López Obrador afirmó acertadamente que arrestar a cualquier persona en territorio mexicano es su autoridad, no la de ninguna entidad extranjera.

Lo que pasa es que los narcotraficantes controlan a México con impunidad, matando brutalmente a cientos de miles en las últimas dos décadas e inundando Estados Unidos con todo tipo de drogas.

A su vez, a Estados Unidos le podrían importar menos los brutales asesinatos al sur de la frontera siempre que la violencia no se extienda a suelo estadounidense, donde los consumidores devoran las drogas que llegan.

Pero algo terrible está sucediendo aquí que está obligando a los funcionarios estadounidenses y a los estadounidenses comunes a preocuparse finalmente.

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