Una auténtica multinacional del narco compuesta por colombianos, italianos, franceses, marroquíes y hasta suecos había encontrado oro molido en el Clan de Vilagarcía. Los mejores a la hora de cruzar el Atlántico en veleros fuera del radar de las autoridades e introducirlos en España en la clandestinidad configuraron un engranaje que parecía infalible. El sistema permitía transportar unas diez toneladas de cocaína al año en suelo europeo, con pingües beneficios para las disidencias de las FARC en Colombia, que dominaban la producción, y para los alargados tentáculos de la Mocro Maffia y la ‘Ndrangheta, muchas veces relacionadas entre sí, en el Viejo Continente, responsables de la distribución a gran escala.

Entre medias, un grupo arousano que comenzó introduciendo la droga por sus dominios (las Rías Baixas) hasta su primera caída, en pleno confinamiento, y que acabó desplazando su ‘oficina’ al Sur de España, donde también fue descubierta y, ahora, completamente desmantelada. La detención de Carlos Silla, primero, y de Pablo V.B., ahora, deja sin herramientas al Clan de Vilagarcía.

Las investigaciones sobre las actividades delictivas de esta organización comenzaron en 2019. En el mes de diciembre de este año, poco después de la caída del narcosubmarino de Aldán, Vigilancia Aduanera y la Policía Nacional habían efectuado un minucioso registro a un velero de lujo que había hecho escala en el puerto de Portonovo, en el corazón de las Rías Baixas. De nombre Benirrás y patroneado por el vilagarciano Carlos Silla, continuó su singladura, pues, a pesar de las sospechas, los agentes no hallaron nada ilícito en el mismo.

Solo unos meses después, a finales de marzo, el Grupo II de la Udyco de la Policía pontevedresa y el Edoa de la Comandancia tenían constancia de los movimientos de que este mismo velero pululaba frente a las costas de las Rías Baixas con un descomunal alijo. Tres lanchas salieron a su encuentro. Una de pequeño tamaño tomó tierra en A Guarda; las dos restantes fueron interceptadas en la ría de Arousa, una en O Grove y la otra en Cambados. Fueron recuperadas unas cuatro toneladas de cocaína. Se practicaron varias detenciones en un amplio operativo con persecuciones en la ría incluidas. El Servicio de Vigilancia Aduanera aportó sus medios aéreos y marítimos para el buen fin de un operativo tras el que, sin embargo, nada se supo ni del Benirrás ni de Carlos Silla. Meses más tarde, y en base a los datos que manejaban las autoridades policiales, el pecio del narcovelero apareció frente a las costas guardesas tras una inédita operación subacuática del Buque Oceanográfico Ángeles Alvariño. Las sospechas apuntan hacia un hundimiento voluntario por parte del patrón, consciente de que la embarcación estaba marcada, y posterior fuga sin dejar rastro.

Silla, relacionado policialmente con Sito Miñanco, decidió trasladar su centro de operaciones al Sur de España. El también vilagarciano Pablo V.B., afincado en el extrarradio de Santiago de Compostela, también le acompañaría, así como otros colaboradores. La provincia de Huelva se convirtió desde entonces en un lugar propicio, lejos, pensaban ellos, de las vigilancias de las autoridades policiales que defienden con gran eficacia las costas gallegas de las mafias de la cocaína. El Clan de Vilagarcía cambió su modus operandi, o eso creen los investigadores. Puso los medios necesarios para hacerse con una entrada segura a través de un puerto deportivo, de forma que podrían colocar la cocaína en Europa sin infundir sospechas.

Esa era, según parece, la intención de Silla cuando, en octubre de 2021, se presentó a bordo de otro velero, el G-Siro, en el Océano Atlántico, con el mayor cargamento de cocaína jamás visto en ese medio de transporte: 5,2 toneladas. La información compartida entre la DEA norteamericana, la NCA británica, la Polícia Judiciária portuguesa y la Brigada Central de Estupefacientes llevó a los Greco Galicia de la Policía Nacional hasta el mismo rastro de la droga. Así, y en una operación conjunta, las autoridades abordaron el G-Siro en altamar, evitando no solo una entrada sencilla por un puerto del Sur de España, sino también cualquier opción de acercamiento por parte de lanchas ligeras y rápidas, tipo planeadora. Además, el operativo sirvió para detener a Carlos Silla, que ahora deberá responder ante las autoridades lusas por este alijo y posteriormente ante las españolas por el Benirrás.

Sin embargo, y a pesar de la caída del supuesto jefe, el Clan de Vilagarcía seguía operativo. La Mocro Maffia, la ‘Ndrangheta y la red del llamado ‘Pablo Escobar sueco’, Jonas Falk, necesitaban mercancía, y los gallegos ya tenían otro velero. El piloto, en esta ocasión, era Pablo V.B., que acaba de ser detenido en la frontera entre Polonia y Ucrania cuando intentaba cruzar hacia el país en conflicto bélico. Llevaba varias semanas en búsqueda y captura, tras la caída de sus presuntos clientes, el citado Falk, en las Islas Baleares, y el magrebí Fikri Amellah, en prisión por un asunto de blanqueo de capitales procedente del narcotráfico. Pablo consiguió ‘coronar’ con un alijo de 3,2 toneladas de cocaína por la puerta abierta que mantenía la organización en la provincia de Huelva. De ese alijo, la mitad, 1,6 toneladas, fueron decomisadas en un garaje de la capital onubense por la Policía Nacional. El resto llegó a manos de los clientes.

La caída del último de los vilagarcianos arrestados tuvo lugar tras «diversas gestiones» efectuadas por la Policía, en las que los agentes comprobaron que un importante narcotraficante colombiano «había organizado un trasvase de cocaína en aguas próximas a Venezuela para, posteriormente, trasladar la sustancia a Europa». Así lo detallan fuentes del Ministerio del Interior, que confirman que más de tres toneladas de cocaína fueron cargadas en un velero tripulado por el citado Pablo V.B.

«Una vez la droga en tierra se llevó a cabo la operación policial que permitió intervenir parte del cargamento de cocaína, concretamente 1.623 kilos de droga localizados en una caleta de un garaje situado en pleno centro de la capital onubense», añade interior. En ese momento fueron arrestadas las dos personas encargadas de la custodia, pero el patrón de la embarcación, el ahora detenido, logró huir. Por estos hechos, el Juzgado Central de Instrucción emitió una Orden Europea de Detención que sirvió para su arresto antes de que pudiese ‘saltar’ a Ucrania.

La operación causó un grave quebranto al narcotraficante colombiano, que comenzó a intensificar diversas reuniones para planificar nuevos transportes de droga. Los agentes constataron que mantuvo contactos con criminales suecos –entre ellos con el conocido como ‘Pablo Escobar sueco’, Jonas Falk, detenido el pasado mes de junio, así como con diversos hombres de su confianza responsables de contactar con clientes y con transportistas, destacando personas relacionadas con Fikri Amellah y la Mocro Maffia. La caída del segundo de los arousanos parece el fin de la organización, aunque nunca se sabe. Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado tienen claro que la actividad del tráfico de cocaína es frenética actualmente, por lo que no sería extraño que nuevos elementos más o menos conocidos tomen el testigo para seguir cruzando el océano con cocaína.

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