Las colinas de Kabul están pobladas de cientos de hombres que consumen heroína, opio y metanfetamina en la capital de Afganistán, un país que desde hace un año vive bajo el régimen Talibán que retomó el control tras 20 de guerra y ocupación de tropas estadounidenses y aliadas.

En la foto, un adicto afgano consume heroína al borde de una colina.

La adicción a las drogas ha sido durante mucho tiempo un problema en Afganistán, el mayor productor mundial de opio del mundo y una importante fuente de heroína para Europa y Asia.

Cientos de adictos afganos se reúnen bajo un puente para consumir drogas, principalmente heroína y metanfetaminas en Kabul.

En la imagen, el cuerpo de un adicto yace cubierto por un chal debajo de un puente en Kabul. Viven tirados en el piso, bajo tiendas de campaña, algunos de ellos sufren sobredosis y cruzan silenciosamente la línea hacia la muerte.

“Hay un hombre muerto a tu lado”, cuenta que le dijeron Ebrahim Noroozi, periodista de AP que recorrió una de estas zonas. “Enterramos a alguien allí antes”, dijo otro.

La producción de opio se disparó en los últimos 20 años a pesar de los miles de millones de dólares gastados por Estados Unidos tratando de detener el cultivo de amapola.

El periodista cuenta que vio que hombre estaba boca abajo en el barro, sin moverse. Lo sacudió por el hombro y giró un poco la cabeza. “Te estás muriendo. Intentar sobrevivir”, detalla el reportero que le dijo. “Está bien morir”, le respondió.

La adicción a las drogas ha sido durante mucho tiempo un problema en Afganistán. Parece estar empeorando desde que la economía del país se derrumbó tras la toma del poder por parte de los talibanes en agosto de 2021.

Combatientes talibanes buscan drogadictos en un basural para detenerlos y trasladarlos a un campo de tratamiento de drogas en Kabul.

Tras la llegada de los talibanes al poder, hubo una suspensión de la financiación internacional lo que ha profundizado la carestía económica. Millones de familias que estaban al borde de la pobreza, ahora luchan por tratar de conseguir alimentos.

Drogadictos detenidos durante una redada talibán esperan para ducharse en un campo de tratamiento de adicción a las drogas.

Una encuesta de 2015 realizada por la ONU estimó que ese año había consumido drogas alrededor del 5% de la población en ese momento.

Siete años después, en 2022, se desconoce el número, pero se cree que solo ha aumentado, según el Dr. Zalmel, jefe del Departamento de Reducción de la Demanda de Drogas.

En la foto, un drogadicto le da heroína a un perro. El informe revela una gran escasez de tratamientos farmacológicos para tratar las adicciones.

Una encuesta publicada de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), ya mostraba en 2010 que un 8% de la población consumía estupefacientes, esta tasa es el doble del promedio mundial.

Las décadas de trauma relacionado con la guerra y la disponibilidad casi ilimitada de narcóticos baratos han creado este problema de adicción.

En la imagen, un drogadicto detenido y afeitado durante una redada talibán.

Los talibanes han lanzado una campaña para erradicar el cultivo de amapola. Al mismo tiempo, heredaron la política del gobierno derrocado y respaldado internacionalmente de obligar a los usuarios de drogas a ingresar en campamentos.

A principios de este verano, los combatientes talibanes irrumpieron en dos áreas frecuentadas por usuarios de drogas: una en la ladera y otra debajo de un puente.

Reunieron a unas 1,500 personas que fueron llevadas al Hospital Médico Avicena para Tratamiento de Drogas, una antigua base militar de Estados Unidos.

Pese a las redadas y detenciones masivas de estos campamentos de drogadictos, apenas semanas después vuelven a estar llenos de personas que consumen drogas.

Es el más grande de varios campos de tratamiento alrededor de Kabul. Allí, los residentes son rapados y recluidos en un cuartel durante 45 días.

Un adicto detenido durante una redada talibán camina hacia una ducha.

Los adictos detenidos en estos campos no reciben tratamiento ni medicación mientras pasan por la abstinencia. El campamento apenas tiene dinero suficiente para alimentar a los que viven allí. Tales campamentos hacen poco para tratar la adicción.

Un afgano busca a su hermano drogadicto entre personas tiradas debajo de un puente en Kabul. Los usuarios de drogas se pueden encontrar alrededor de Kabul, viviendo en parques y desagües de aguas residuales, debajo de puentes y en laderas abiertas.

Drogadictos afganos que fueron detenidos durante una redada talibán. Debajo del puente, un hombre de unos 30 años que se identificó como Nazer dijo que pasa la mayor parte de sus días debajo del puente, pero que va a su casa de vez en cuando. La adicción se ha extendido por toda su familia, dijo.

“Muchos afganos toman drogas como una especie de automedicación contra las dificultades de la vida”, señaló el reporte de la UNODC.

Y añade: “Sin embargo, en lugar de aliviar el dolor, el uso de opiáceos está causando una miseria aún mayor: crea problemas de comportamiento, sociales y de salud, delincuencia, accidentes”.

Una de las estadísticas más impactantes del informe del organismo internacional es la cantidad de padres que dan opio a sus hijos; hasta el 50% de los consumidores de drogas en el norte y el sur del país.

Es por ello que la adicción en Afganistán parece perpetuarse de generación en generación.

Un comedor de un campo de tratamiento para adictos en Kabul.

Una sala de camas en un campo de desintoxicación. En Afganistán, el crecimiento de la adicción a los estupefacientes ha seguido el mismo patrón de crecimiento de producción de opio.

La cosecha de opio de 2021 marcó el quinto año consecutivo con una producción en máximos históricos de más de 6,000 toneladas, lo que podría generar hasta 320 toneladas de heroína pura para traficar a los mercados de todo el mundo, indicó un reporte publicado el año pasado por la UNODC.

La incertidumbre desde agosto de 2021, momento en que el Talibán retomó el poder, ha hecho subir los precios del opio y eso está aumentando los incentivos para el cultivo, justo cuando la crisis exacerba la pobreza y la inseguridad alimentaria.

Esta situación podría dejar aún a más personas vulnerables a los trastornos por consumo de drogas.

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