Amalia de Orange, princesa y heredera al trono en Países Bajos, no puede realizar una vida normal, más allá de acudir al colegio en Ámsterdam, debido a las amenazas a las que han dado credibilidad procedentes de la Mocro Maffia, la organización narcocriminal que domina los bajos fondos de Holanda desde hace ya algunos años. Fue su propio padre, el rey Guillermo, el que reconoció la existencia de las amenazas en una comparecencia en la que intervino junto a su esposa.

Amalia de Orange figuraría en un listado en el que también está el primer ministro neerlandés, Mark Rutte, y el ministro de Justicia, que estuvo cerca de ser secuestrado tras anunciar un plan de combate contra los sindicatos criminales del país. Todo ello se conoce tras el desencriptado de cierta tecnología de comunicación empleada por los narcos.

Las mismas fuentes apuntan a que detrás de las amenazas estarían los grandes jefes del citado entramado criminal, el más conocido de ellos Ridouan Taghi, actualmente en prisión. Los investigadores holandeses vinculan a este mismo grupo delictivo con la muerte a tiros del conocido periodista Peter R. de Vries hace ya algunos meses.

Las políticas permisivas con el tráfico de drogas a lo largo de los años han convertido al país en centro neurálgico de la actividad de organizaciones de toda clase y condición que entremezclan sus intereses económicos con otros de control de territorio, con la violencia y la amenaza como armas comunes.

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