Era un viernes cualquiera en la Ciudad de México. Corría el año 2007. La polémica “Guerra contra el narco” tenía apenas un año de haber comenzado. Ese día, el subsecretario de Estrategia e Inteligencia Policial de la Secretaría de Seguridad Pública federal (SSP), Patricio Patiño Arias, tuvo que ofrecer dos conferencias de prensa.

Al mismo tiempo que el funcionario informaba que Sandra Ávila Beltrán, “La Reina del Pacífico”, había sido detenida en Polanco, en ese preciso instante, al otro extremo de la ciudad, las fuerzas federales también estaban deteniendo en calles de la colonia San Jerónimo a su pareja: Juan Diego Espinosa Ramírez, alias “El Tigre”.

Patiño detalló que “El Tigre”, tras enterarse de la detención de su amante, hizo todo lo posible por huir, pero fue detectado cerca de la pastelería “La Gran Vía”. Juan Diego Espinoza tenía en aquel entonces un papel importante en la estructura del Cártel de Sinaloa y era el segundo hombre en importancia en el cártel Valle del Norte de Colombia.

Ávila Beltrán, por su parte, fue ubicada tras asistir a una estética en Polanco para hacerse un “manicure”. Los agentes la arrestaron cuando se retiraba del establecimiento a bordo de una camioneta BMW. La captura fue producto del seguimiento a las investigaciones del “Operativo Marcel”, en Jalisco, Sinaloa y Ciudad de México.

La Reina del Pacífico volvió a la vida pública hace unas semanas a través de las redes sociales (Captura de pantalla)

En sus primeras declaraciones admitió llamarse Sandra Ávila Beltrán y dijo que vivía en la calle de Santa Bárbara 185 en León, Guanajuato. También dijo que sus padres eran originarios de Culiacán, Sinaloa, y que tenía 45 años. Sobre las actividades a las que se dedicaba, afirmó dedicarse “al hogar y el comercio”. Cuando le preguntaron si sabía por qué había sido detenida, respondió con indiferencia: “Por una orden de aprehensión con fines de extradición”.

El gobierno de México la describió como una “operadora de logística para introducción de cocaína al país desde Colombia”. Según las investigaciones que arrojó la ”Operación Macel”, estuvo directamente vinculada con nueve toneladas de cocaína aseguradas el 21 de julio de 2002 en Manzanillo, Colima.

No obstante, a “La Reina del Pacífico” nunca se le pudo comprobar que era una narcotraficante de peso. Pasó ocho años encerrada en cárceles de Estados Unidos y México. Logró eludir varios procesos penales y al final solo se le pudo comprobar su colaboración con su entonces pareja, “El Tigre”.

Nunca tuvo un cargo importante en el cártel, probablemente era más bien conocida por ser una mujer exuberante y coqueta que fue apadrinada desde su juventud por los grandes capos del narcotráfico.

“En el narcotráfico, como en muchas otras empresas legales e ilegales, sobre todo predomina una estructura machista paternal en la cual las mujeres no acceden a grandes cargos”, opinó el periodista experto en narcotráfico, Oscar Balderas.

En su última aparición pública “La Reina del Pacífico” le mandó un mensaje directo al expresidente y artífice de la “Guerra contra el narco”, Felipe Calderón Hinojosa.

“Quiero decirle muy especialmente al ex presidente Felipe Calderón que su sexenio fue el más cruel y fatal que ha tenido México. El más sangriento según las estadísticas, no lo digo yo. El sexenio donde hubo más violaciones a derechos humanos y donde fui su chivo expiatorio. Fui la primera persona que él detuvo”, señaló la mujer de 61 años, nacida en Baja California, en una entrevista que concedió para el podcast de YouTube “Doble G”.

“(Felipe Calderón) me fabricó un delito para poder sentirse un buen presidente o un buen mexicano, cuando el colaboraba directamente con los cárteles. De ellos recibió mucha de la fortuna que tiene ahora, de la que gozan su esposa y su familia. ¿Y quién lo juzga? ¿Porque García Luna es enjuiciado y Calderón no? Calderón fue un asesino y un narcotraficante. Me destruyó la vida. Las ganas de vivir”,

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