La Armada de Chile dispone de una herramienta pionera para combatir una de las modalidades de tráfico internacional de cocaína que se emplean con más frecuencia en la actualidad. Se trata del robot submarino, un artilugio que hasta ahora está a disposición de la Policía Marítima de Iquique y que sirve para rastrear a distancia posibles añadidos en la estructura de los cascos, o bien habitáculos en los que se oculta droga y a los que solo se podría acceder mediante el empleo de submarinistas.

El robot submarino, que surgió tras el hallazgo de un torpedo procedente de Callao en 2020, es una herramienta pionera a nivel mundial de la que todavía no disponen los principales países que son origen y destino de los grandes portacontenedores y mercantes que, a su vez, suelen ocultar drogas.

Tiene un alcance de unos 300 metros y se maneja con un mando a distancia desde el que se pueden apreciar las imágenes en Alta Definición que aportan sus cámaras de última generación. De ese modo, las autoridades pueden efectuar un rastreo preventivo de los cascos de los mercantes, de un modo similar al que se ejecuta con los escáner en el caso de los contenedores.

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